El Tratado de Libre Comercio y los pueblos indígenas.-En mayo del presente año se inició en Cartagena (Colombia) la primera de ocho rondas de negociaciones entre el bloque de países andinos constituido por Perú, Colombia y Ecuador, y el socio mayor, Estados Unidos para negociar el Tratado de Libre Comercio. Este mes de junio acaba de realizarse la segunda ronda en Atlanta (Georgia). Se espera que las negociaciones culminen entre enero y febrero del 2005 para que el presidente George W. Bush pueda enviar el TLC al Congreso estadounidense para su aprobación sea o no reelecto en las elecciones presidenciales del 2 de noviembre del 2005. Desde un primer momento temas trascedentales para los pueblos indígenas como la agricultura y la propiedad intelectual, se han constituido en los puntos más polémicos de la agenda.
Las negociaciones en Atlanta, lideradas por la vice representante de Comercio Exterior estadounidense, Regina Vargo, y los jefes negociadores de los países andinos, se extendieron por una semana . Pocos días antes, el representante de Comercio estadounidense, Bob Zoellick, preparaba el terreno viajando a Quito y Lima, para garantizar que Washington tendría en cuenta las sensibilidades de los países andinos a la hora de negociar el TLC. La pregunta es qué entiende el gobierno norteamericano por “sensibilidades” en el marco de una economía neoliberal que ha priorizado sistemáticamente la lógica del mayor lucro posible a costa del medio ambiente y los derechos de propiedad fundamentales de los pueblos del Tercer Mundo, en especial los pueblos indígenas. Alfredo Ferrero, ministro de Comercio Exterior del Perú suscribió las cálidas palabras de Mr Zoellnick: "Vine al Perú para escuchar, más que para hablar. He escuchado las sensibilidades y las preocupaciones que tienen sobre este tratado". Se teme que Toledo insista en la concreción de los acuerdos lo más prestamente posible, para quedar en la historia como el presidente que nos dio el TLC; sería una manera imprudente y desesperada de intentar remontar su bajísimo índice de aprobación.
Pablo de la Flor, jefe del equipo negociador peruano y Viceministro de Comercio, ha solicitado formalmente en Atlanta que se tomen en cuenta la protección y el reconocimiento de la biodiversidad de los países andinos, así como sus recursos genéticos y conocimientos tradicionales, sin embargo es preocupante saber cuán consistente será la relación entre el discurso y la aplastante realidad que impone la desigual correlación de fuerzas negociadoras. Comunidades de la sierra y la Amazonia peruana como San Marcos y Huarmey (minera Antamina) Cajamarca (minera Yanacocha) Montetoni y Malanksiari (proyecto Camisea), comunidades nativas en aislamiento de Madre de Dios (afectadas por la industria maderera), comunidades como Choropampa o el Valle del Colca, etc. etc. etc., tienen amargas lecciones aprendidas que les ha demostrado a la hora de la realidad, el total desinterés y falta de identificación del Estado peruano y sus gobernantes respecto a las necesidades y los legítimos derechos de sus ciudadanos, en particular los indígenas. También refleja lamentablemente la falta de conciencia ciudadana, producto de las enormes distancias en el acceso a la información y a los derechos socio-económicos entre humildes pobladores y los poderosos equipos negociadores de las empresas transnacionales.
Por ello es importante que los ciudadanos estemos informados y vigilantes, y seamos consultados sobre cómo se negocia nuestro futuro. Los tratados a puertas cerradas o a base de discursos diplomáticos o rumores dan muy malas señales. Tenemos derecho a exigir transparencia para después no lamentar por enésima vez los hechos consumados que nos regalan gobernantes que no ven más allá del corto plazo de sus encuestas y que hipotecan la salud, la dignidad, el futuro y la libertad de nuestros hijos. Los representantes de los países andinos enfrentan un gran reto en la posibilidad objetiva y la obligación de negociar y dar la batalla en base a sus pocas pero poderosas ventajas competitivas centradas sobretodo en el tema del medio ambiente y los derechos humanos: el gobierno norteamericano tiene fuertes presiones internas de organizaciones medioambientales y de derchos humanos que tienen gran poder de incidencia en el electorado norteamericano. Este puede ser un importante y esperanzador frente paralelo de la desigual batalla que nos enfrenta. El otro es aprender de las recientes experiencias de México y Centroamérica: “En otros acuerdos comerciales, incluido el TLC de América del Norte (NAFTA) y el TLC con Centroamérica (CAFTA), Estados Unidos ha insistido en que los mercados latinoamericanos sean abiertos a los productos alimenticios estadounidenses, mientras se mantienen los subsidios a los productores agrícolas estadounidenses y se limita el acceso de los productos latinoamericanos al mercado", dijo Kimberley Stanton, vice-directora del centro de análisis Washington Office on Latin America (WOLA). "Si lo mismo ocurre con el TLC andino, el resultado será una profundización de la crisis económica rural que genera la producción de coca y alimenta la persistente inestabilidad social".